jueves, 16 de junio de 2011

AREQUIPA EN LA BÚSQUEDA DE SU COMPETITIVIDAD

AREQUIPA EN LA BÚSQUEDA DE SU COMPETITIVIDAD

Por AGUSTIN VALENCIA DONGO C.

La generación presente tiene hoy una nueva oportunidad y privilegio: el asumir la ineludible obligación de redefinir su destino. Ello exige revisar los hitos que marcaron su devenir histórico, encontrar los puntos débiles y fuertes que le permitieron conocer tiempos mejores, confirmar sus intereses y propósitos y abordar los caminos a transitar. Esta tarea es un privilegio porque no a todas las generaciones les corresponde en el tiempo tomar decisiones cruciales, como las que hoy se deben asumirse en un marco de urgencia sin dejar de lado el sentido de pertenencia que exige tomar las cosas como propias.

I es que a pesar de que el proceso de involución de la actividad económica comenzó  a vislumbrarse a fines de la década del ochenta, es a principios de los 90 que el fenómeno se acentúa como consecuencia del proceso de mundialización de la economía; sin embargo, pareciera que hasta hoy no terminamos de asimilar su impacto, que nos aferramos en sostener que la naturaleza y magnitud de los problemas se encuentran aun en el plano de la coyuntura y hasta podemos sentir que ciudadanos e instituciones hubiéramos caído en una suerte de inmovilismo, que reduce al máximo los esfuerzos, a fin de que el poco aliento que queda se reserve para un momento aun mas dramático.  I es que pareciera todavía lejana la decisión de desandar parte del camino para  encontrar nuevos rumbos que confronten la forma de hacer las cosas con los nuevos requerimientos del mercado, que promuevan las potencialidades disponibles, las de siempre y las nuevas,  las que nos sirvieron ayer y las que hay que redescubrir o adaptar para ser parte de la nueva historia.

El reto para Arequipa hoy, es definir la forma en que se insertara en el nuevo modelo económico mundial, del que es actor ineludible como consecuencia del inexorable movimiento de  la globalización;  le corresponde por tanto precisar el nuevo rol a asumir,  partiendo del principio que en el camino al desarrollo no se parte de cero, sino de las experiencias transitadas y destrezas y capacidades desarrolladas y que sin acción no existe posibilidad de transformación y que para que esta sea consistente debe tenerse clara la estrategia y definido el horizonte.

El problema radica entonces, en determinar los elementos o bases en que deba soportarse este nuevo proceso, esta nueva búsqueda por el desarrollo y que los pocos recursos disponibles no se desperdicien o se pierdan por caminos inconducentes. Para ello es inevitable revisar el proceso histórico seguido, reevaluar los recursos y capacidades que dispusimos en el largo proceso de construcción del espacio regional y la forma como estos han sido utilizados en los procesos económicos seguidos: recursos naturales y ambientales de un lado, y de otro, recursos humanos e institucionales; dado que de la forma como se gestionen los primeros y se aprovechen los segundos, depende la viabilidad del desarrollo regional. Fueron sus recursos naturales los que permitieron a Arequipa jugar un rol económico fundamental en los procesos históricos del país; y de otro, las características idiosincráticas de su población mestiza, una de las fuerzas mas pujantes y activas del país, la que agregó valor a los primeros y posibilitó su desarrollo.

El propósito del presente planteamiento busca por tanto revisar dichas bases, para enmarcar el nuevo impulso al desarrollo en dicho sustento

LA GEOGRAFÍA Y DIVERSIDAD BIOLÓGICA COMO VENTAJA COMPARATIVA


Cuenta la leyenda  que en el siglo XII los soldados de Manco Capac, IV Inca del Imperio, al pasar por el valle del Chili  y contemplar  la calidez de su clima y lo ubérrimo de sus campos, solicitaron quedarse en estas tierras para arraigarse en ellas, pronunciando el Inca la memorable frase Arequepay (Aquí quedaos), que dio nombre a esta tierra. Arequipa resultó asi un valle con actividad agrícola exitosa, como se aprecia al revisar  la “Historia de Arequipa” de Guillermo Galdos Rodríguez“ que textualmente dice “El Valle del Chili estuvo intensamente poblado por indígenas desde antes de la llegada de los españoles, de modo que a su arribo encontraron numerosas etnias, lo que explica la toponimia de los alrededores de la ciudad, así como la presencia de andenerías y restos arqueológicos” concepto que es reforzado por Francisco Mostajo en su “Historia de Arequipa”, cuando expresa que “los españoles no encontraron un espacio vacio, sino terrenos cultivados, acequias de regadío y construcciones.

No resulta extraño por tanto extrano que Manuel Garcí de Carbajal con sus huestes en l540 ocupa estas tierras, luego de la fallida fundación de la ciudad en Camaná, que por el contrario por su excesiva humedad presentaba limitaciones para la habitabilidad, dadas sus condiciones productivas y la benignidad de su clima, que merecería anos después el poco divulgado y merecido elogio de don Miguel de Cervantes y Saavedra, al bautizarla como la ciudad de la Eterna Primavera. Como cita a su vez Eusebio Quiroz Paz Soldan en ”Arequipa Pasado y Presente” ”la existencia de comunidades regionales fuertemente aisladas al interior del Imperio Colonial Español, unido a la condición del paisaje geográfico propio del Valle del Rió Chili y sus tributarios configuraron una especie de oasis en medio de un seco desierto, afirmando así su sentido agrario”.

Antes de terminar el siglo XVIII, cuando se forma la Intendencia de Arequipa, la ciudad estaba plenamente dedicada a actividades agrícolas y comerciales,  consolidando un circuito económico-productivo y comercial que enlaza el espacio del sur, con capacidad de abastecimiento a Potosí y Chuquisaca, siendo proveedora de productos provenientes de los valles en los que se adaptaron los principales cultivos europeos traídos a la América: vid, trigo, cana de azúcar y frutales, así como vinos y aguardientes de Majes, Vitor y Moquegua, que competían con la producción peninsular, convirtiéndose en la base de un trafico comercial que involucró a todo el Sur, afirmándose de esta manera con la zona del Rio de la Plata y Chile, un circuito comercial que funcionaba desde el Siglo XVI y que tenia a Arequipa como núcleo. Por citar un caso puntual Arequipa producía en ese entonces en el valle de Vitor mas de 110 000 botijas de vino, cifra con seguridad superior a la producción actual de vino y pisco del Departamento.

Según Deustua, citado por Eusebio Quiroz en su Obra “La Intendencia de Arequipa”,  a fines del siglo XVIII el más importante volumen mercantil era el que se realizaba con las provincias alto peruanas vinculadas a Buenos Aires, por encima del nivel de intercambio que se sostenía con la capital de la Colonia, la ciudad de Lima. El tráfico aludido abarcaba toda la región sur, que de esta manera se intercomunicaba, convirtiéndose en una región económica de gran importancia, pues ponía en contacto la costa del Pacifico con las altas regiones interiores de Potosi y Chusquisaca y complementariamente, las zonas de Argentina y Chile anteriormente citadas.

Era de tal magnitud el comercio con dicha región que mientras los mercaderes peruanos traían a la Intendencia de Arequipa mercaderías por un valor de 389 260 pesos, Arequipa exportaba  1 300 475, siendo por tanto la balanza comercial claramente favorable a Arequipa.  Como referencia, hoy las industrias de nuestro Parque Industrial del Palomar exportan no más de un 20% de su producción, siendo el resto colocada en el mercado doméstico.

La información del Mercurio Peruano de aquella época respecto de Arequipa  muestra una realidad económica con buena producción agrícola y minera, con una bullente actividad de intercambio comercial con amplias vinculaciones geográficas y a la Intendencia de Arequipa, como una de las mas ricas, importantes y activas económicamente, pudiéndose concluir que en dicho periodo Arequipa presentaba características de autonomía económica.

El Siglo XIX y especialmente la segunda mitad del siglo nuevamente le permite aprovechar de su estratégica ubicación para convertirse en el centro del flujo comercial de la región Sur, como cita Camilo Pacheco en un trabajo sobre la Industria Arequipeña, favorecida en este caso por el nuevo sistema de interconexión, que reemplazando al antiguo sistema de arrieraje permitía ahora mediante la utilización de un transporte multimodal (sistema marítimo desde Mollendo y terrestre vía el Ferrocarril del Sur al unir no solo los espacios regionales sino intermediar comercialmente entre el Pacifico y el centro oeste sudamericano, consolidándose finalmente como el eje de acumulación del Sur, sostenido en buena parte por la comercialización con el mercado mundial de la lana de la alpaca y oveja. Esta posición le permitió generar un nivel de acumulación que favoreció el incipiente desarrollo de una industria a partir de los productos agro pecuarios para el mercado domestico que comenzó a instalarse a principios del Siglo XX.

A inicios de la década del 40, en pleno siglo XX, una nueva oportunidad para intermediar bienes se le pone por delante: La carretera Panamericana que, desarrollada desde la perspectiva de una estrategia continental, resulta la nueva vía de interconexión con el Sur Peruano, situación que favoreció a Arequipa que junto con Moquegua son las ciudades que se ubican como puntos de unión y contacto entre la Costa y la Sierra del Sur Peruano. Esta condición geográfica, no solo permitió mantener una fructífera relación de intercambio, sino que la ubicó como la opción mas competitiva para la instalación de actividades industriales para el mercado domestico, dentro de la política de sustitución de importaciones y que tuvo su mejor aprovechamiento en los años siguientes con la creación del Parque Industrial.

Fue en ese contexto y aprovechando su ancestral ventaja comparativa de ubicación y particular geografía, que Arequipa cambia de vocación productiva, insertándose dentro del sector moderno de la economía para atender un mercado cerrado y protegido. Estas reglas de juego, que por definición debieron entenderse como temporales y finitas y sólo vigentes hasta que se produjeran las condiciones que consolidaran su desarrollo, resultaron relativamente permanentes hasta los inicios de los 80, época en la que se inicia el fin de la opción industrialista para el mercado nacional que concluye en la década de los 90 con la plasmación de nuevas teorías económicas no solo en el Perú, sino en toda América Latina.

Lamentablemente el fin de esta época llegó sin haberse generado el necesario nivel de competitividad que permitiera que afirmaran su crecimiento económico y desarrollo sostenido, apreciándose las debilidades acumuladas cuando de manera violenta se modifica el sistema económico a inicios de la década del 90. Un diagnostico de la situación actual es el que se cita en el Diagnostico del Plan Concertado de Gestión Estratégica Departamental impulsado por el CTAR departamental en el ano 2001, que textualmente indica:

“Arequipa se encuentra sumida en un proceso de involución económica, caracterizado por la pérdida del dinamismo de sus actividades motoras, estancamiento de los sectores productivos, des industrialización y deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos. En los últimos 15 años se han perdido inversiones públicas y privados y el nivel de reinversión ha sido prácticamente nulo. La actividad agrícola, la más importante de las actividades productivas del departamento por su aporte al PBI regional,  no es competitiva ni rentable; la producción industrial, orientada principalmente al mercado interno y es poco competitiva y en los últimos años ha agravado su situación. Presenta un bajo nivel de articulación con las PYMES, quienes desarrollan una actividad de subsistencia y  operan simplemente como una respuesta al nivel de desempleo existente.  El turismo, a pesar de sus potencialidades languide por falta de inversión privada y apoyo del Sector Publico, ostentando un bajo nivel de articulación con las colectividades locales; el sector minero no realiza procesos de transformación y no esta siendo explotado en su verdadera magnitud, especialmente en relación con la pequeña y el sub sector de la minería no metálica”.


Frente a la magnitud de los problemas actuales, se activa la necesidad de revisar la potencialidad regional y encontramos que  Arequipa tiene dos regiones naturales, costa y sierra que encierran una enorme complejidad topográfica, diversidad ecológica y variedad climática, que por su ubicación geográfica es, junto con Moquegua, la puerta de entrada y salida al Océano Pacifico de los productos y del centro y sur americano integrado por Brasil, Bolivia Paraguay y Argentina, sin dejar de considerar su colindancia con Chile; con yacimientos mineros de inapreciable valor y el litoral mas extenso del país, como bien señala Carlos Leyton y otros investigadores en la publicación “ Arequipa: Situación Regional y Agenda para el Desarrollo”

Salta siempre el entrampe metodologico si la región puede seguirse especializando en recursos naturales o si al hacerlo quedará a la zaga, anclada en la vieja economía de crecimiento lento. Una reciente publicación del Banco Mundial sobre América Latina denominada “De los recursos naturales a la economía del crecimiento”, pregunta ¿de que dependerá que nuestros países puedan exportar en este nuevo siglo, ya que según la teoría clásica sobre las ventajas comparativas se hacia hincapié en el acervo del trabajo, la tierra, el capital y los recursos naturales? e inmediatamente surge la respuesta que la nueva teoría del comercio exterior subraya ahora la importancia la geografía (distancia a los grandes mercados) , el conocimiento técnico, el capital humano, la infraestructura pública, la calidad de las instituciones y la capacidad de las empresas de suministrar productos adecuados en la oportunidad mas adecuada.

Sería por tanto un error dar la espalda a las indudables ventajas naturales que posee la región, ligada a los recursos naturales, su ubicación, belleza natural, cultura, etc. Experiencias como las de Chile, que tuvo la tasa de crecimiento más alta de Latinoamérica por quince años a partir de la exportación de sus recursos naturales, así lo demuestran; obviamente esto debe ir aparejado de la incorporación en las actividades productivas de mejoras sostenidas en la productividad, producto de la innovación e incorporación de nuevas tecnologías. O como la experiencia de México que terminó finalmente por aprovechar su principal ventaja: la proximidad a la economía mas grande y tecnológicamente mas avanzada del mundo. El propio Estados Unidos basó por muchas décadas su crecimiento en los recursos naturales disponibles, hasta que progresiva y paulatinamente evolucionó desde la manufactura intensiva en recursos hacia una industria basada en la utilización intensiva del conocimiento.

En ese entender debemos coincidir que los recursos naturales no son una maldición sino un activo para el desarrollo.  El esfuerzo esta mas bien en establecer las estrategias que permitan lograr su mayor aprovechamiento, lo que tiene relación con la promoción a la apertura del comercio exterior, el acceso a los mercados y los flujos de inversión extranjera directa; obviamente que tampoco esto es suficiente, se requiere construir nuevos acervos en capital humano, conocimientos y mejora de las instituciones para hacerlas sólidas, transparentes y eficientes, siendo que la construcción de estos nuevos acervos deben responder a programas de educación general y aprendizaje durante toda la vida, incentivos en materia de investigación y desarrollo y mecanismos de innovación, utilización de tecnologías de información y sistemas de comunicaciones, así como el  desarrollo de infraestructura publica que reduzca los costos de transporte y la distancia económica a los mercados, así como instituciones sólidas, transparentes eficientes.

Resulta por tanto aplicable que lo importante no es qué se produce sino cómo se produce M.Porter) En todos los casos, una amplia red o conglomerado de conocimientos que genere innovaciones y facilite la adopción de tecnologías nuevas destaca como ingrediente clave para el dinamismo del sector.

Cual es entonces la opción: Utilizar sosteniblemente los recursos regionales existentes, pero a partir de la internacionalización de la economía regional, como lo sostiene el Proyecto Macro Región Sur en una de sus líneas estratégicas. Esta internacionalización tiene que tener como punto de partida los mercados más próximos, siendo los de mejor potencialidad los de los países vecinos conformantes del Centro Oeste Sudamericano. Es por ello que la opción de conexión del Sur Peruano con la Carretera de Integración con el Brasil, adquiere importancia capital, porque debe permitir la conexión con la octava economía del mundo, separado a solo 1000 Km. de distancia de las costas del Pacifico Sur, distancia similar a la que lo une con el eje Lima Callao, único espacio económico desarrollado del país; sin embargo, pese a los esfuerzos e inquietudes que genero en la población del Sur esta posibilidad sigue siendo la gran quimera y no se sabe con certeza por cuanto tiempo más, pese a que el gigante vecino ha concluido ya la amplia vía proyectada que lo une con la frontera del Perú.

Por lo demás, las potencialidades están enunciadas y reconocidas en diversos trabajos y publicaciones realizadas en la región y que me permito resumir  a continuación:

Turismo: desarrollo en las zonas alto andinas de turismo natural, vivencial, étnico, cultural, adicionalmente al turismo del centro histórico de Arequipa, teniendo en cuenta además su encadenamiento con otros espacios turísticos importantes al ser parte de la Región Turística Sur;

Minería: posibilidad de transformación a partir de la explotación de la minera metálica y desarrollo de la minería no metálica;

Agro industria: relacionada con la industria del cuero, frutas, licores y néctares, aceitunas, colorantes, páprika, cochinilla, productos lácteos y pelo de camélidos sudamericanos;

Agro exportación: de productos como el ajo, cebolla amarilla, frutales, palto, papaya arequipeña, durazno, flores y productos orgánicos certificados.

Pesca: tanto continental como marítima, a nivel de peces como productos hidrobiológicos en general.

Servicios: servicios educativos, de comunicación, eventos feriales, servicios logísticos para el comercio y la industria.

Se cuenta entonces con recursos, solo hay que ordenarlos para aprovecharlos eficientemente. Ello implica, pasar a la acción, generando compromisos y movilizando voluntades lo que conlleva a pensar en el otro gran pilar del proceso: el hombre y la organización social de la que es parte.

LA SOCIEDAD AREQUIPENA: SUS FORTALEZAS Y DEBILIDADES


La capacidad de actuar, tanto individual como colectivamente, tiene que ver con la estructura mental que los agentes tengan o adopten en un contexto determinado, así como la estructura organizativa que detenten las sociedades, que hoy se ha venido en llamar el capital social, a fin de que las acciones puedan tener un carácter no solo participativo, sino comprometido, armónico y concéntrico.  Este modo de actuar y pensar Barker lo definiría como los paradigmas, Porter lo referiría como los modelos mentales y  Quiroz Paz Soldán, nuestro connotado historiador local lo precisaría como las características idiosincráticas del poblador arequipeño ( “Una teoría sobre Arequipa”).
Lo cierto es que aquellos parámetros que se posicionan en el inconsciente colectivo, obran en determinados momentos como mecanismos reactivos y en otros como propositivos, contribuyen a detener o acelerar el cambio, posibilitan la asunción de una nueva posición o motivan a que las colectividades se afirmen en el pasado o naveguen en un mar de indefiniciones. De la forma como los arequipeños veamos el mundo y conciban sus roles, dependerá que impulsen los procesos de cambio, porque al final no importa cuantos y cuales son los recursos disponibles, ni cuanta infraestructura exista, sin una mentalidad que se adapte al contexto, no hay desarrollo.

Siguiendo el necesario orden cronológico de la historia de Arequipa, a decir del celebre tribuno republicano don Francisco Mostajo, la  influencia rural sobre la ciudad fue muy marcada hasta bien entrado el siglo XIX. Al personificar al poblador arequipeño, Quiroz establece que se percibe en la historia, referencias constantes al paisaje y la geografía, al medio rural y su contraste con el urbano, a la arquitectura mestiza, al espíritu religioso,  su amor por la agricultura, cultivo minucioso de la tierra, apego al terreno, al espíritu civil y de defensa de la democracia, al sentido familiar y  la trayectoria revolucionaria. Estos elementos sirvieron de base para generar en el tiempo un importante aporte intelectual, jurídico, científico e histográfico valioso para la vida de la Nación.

Factores como el orgullo por un caudillo, el sagrado honor de la ciudad o el ideal religioso han desempeñando un rol determinante en la actuación histórica, social y política de Arequipa, durante su existencia republicana. Una admirable unidad social entre su diversas clases, hace del pueblo y su caudillo un cerrado núcleo que da vigor y fuerza a Arequipa como conjunto y hace escuchar su palabra. Así lo expresa  Quiroz con contundencia, en su  “Arequipa: Pasado y Presente”

Y es que en Arequipa se produjo un verdadero crisol de mestizaje, acentuado profundamente por la desarticulación geográfica que marcó su realidad histórica desde los momentos de su fundación: lejos de las costas y lejos de las alturas desarrolló el orgullo de una comunidad en la que los cambios eran mas lentos que en el resto del país y el ritmo de la vida tendría mucho que ver con el de la actividades agrícolas de los valles que la rodeaban y de la campiña que la circunda. Mestizaje en la población y manifestaciones nuevas en la cultura como resultado de procesos similares generaron en Arequipa una definida identidad cultural, termina diciendo Quiroz.

Pues bien, esa identidad que produjo a mediados del siglo pasado una cultura de pujanza y laboriosidad, de respeto a la ley y terquedad y resistencia frente a la dictadura, que tuvo en Mostajo, Villegas y otros célebres personajes a los representantes preclaros de la revolución del 50, fue la que apuntaló el transito a la modernidad de la Arequipa del 60, tiempo en que se construyó una institucionalidad que le permitió rápidamente poner en acción planes y proyectos de desarrollo cuando la adversidad así lo exigieron, concretamente ante los desastres sísmicos ocurridos entre 1958 y 1960.

Cuarenta años después, esa estructura mental del arequipeño ha cambiado dramáticamente. Como dice Leyton y otros investigadores en la publicación “Arequipa Situación Regional y Agenda…) “la situación regional solo se diferencia del resto del país en que los liderazgos son mucho mas débiles. No puede pues hablarse de una representación regional, pues aunque siempre se ha vivido una oposición al centralismo, esta no ha logrado plasmarse ni en una visión compartida ni en una estrategia en acción”, coincidiendo asi con la preocupante personificación del arequipeño recogida en 1995 por Monitor en el Estudio de Competitividad de Arequipa, cuyas características principales se reseñan a continuación:

Visión inalterada: Los arequipeños siguen aferrados a la visión de una ciudad agro industrial que actúa como eje comercial del Sur del Perú;

Conservatismo y poco riesgo: Los arequipeños son conservadores. Hay barreras estructurales y falta de incentivos que impiden la inversión y la toma de riesgos;

Falta de ánimo de cooperación: La falta de cooperación y discriminación afectan el ambiente de negocios e impiden el surgimiento de nuevas industrias;

Poca credibilidad del Gobierno Local: Aunque las prioridades de los sectores publico y privado no son muy diferentes, es obvio que el sector público local y regional no tiene credibilidad.

Introspección y falta de apertura: Los arequipeños son introspectivos o cerrados y consideran que tienen los mejores recursos

Para avanzar y asumir el nuevo rol comentado anteriormente, existe la necesidad de cambiar, de generar un clima de cooperación que posibilite compartir las oportunidades y los riesgos, de incentivar y motivar la toma de riesgos creando las condiciones y el ambiente que hagan propicia estas decisiones, de tener fe y generar confianza en los propios conciudadanos, de impulsar una cultura de innovación y aprendizaje que aliente la inserción de las tecnologías y mejora de  los procesos, que reduzca el nivel de discriminación en el marco de la nueva realidad social que la caracteriza.

En el plano institucional el panorama no deja de ser preocupante; lejos ya en el recuerdo de las experiencias de rebeldía colectiva y defensa de los derechos de los movimientos populares del año 50; de los esfuerzos descentralistas de los 60, que permitió resultados participativos exitosos como los de las Juntas de Rehabilitación y Desarrollo y Departamental de Obras Públicas; de sus antecedentes inmediatos, como la formulación  del Plan de Desarrollo del Sur realizado en 1959 con el apoyo de la Cooperación Económica Internacional, sintetizado en 30 volúmenes que contienen propiamente el primer plan estratégico regional; de la experiencia exitosa de la formación del Parque Industrial, a partir del aporte de la Misión de la Universidad de Stanfford que lo proyectó; la ciudad y la región se debate en las ultimas décadas, pero especialmente en la ultima, en un limbo de indefiniciones con poco rumbo y bajo nivel de objetivos.

Se observan, sin embargo, importantes señales en la senda de concertar voluntades e intereses para impulsar el desarrollo, situación que nos corresponder alentar y fortalecer. El primer paso lo dio el Estudio de Competitividad desarrollado por la Consultora Monitor, lamentablemente poco difundido y sobre todo en nada ejecutado. A este se sumaron los trabajos de diagnosis sobre la realidad industrial desarrollados por ADEPIA (Asociación de Empresas del Parque Industrial), los esfuerzos de PROSUR (Instituto para el Desarrollo del Sur) en la generación de un banco de proyectos para la Región, luego el trabajo de análisis regional y propuesta de plan de acción del Proyecto Macro Región Sur para formar una alianza estratégica de los pueblos del sur con miras a su descentralización y desarrollo,  y este año, con grata satisfacción, la formulación del Plan Estratégico Metropolitano a cargo de la Municipalidad Provincial de Arequipa y el Plan de Gestión de Desarrollo a cargo del CTAR, instrumentos de gestión desarrollados con el concurso de la sociedad civil. La Cámara de Comercio por su parte revisa sus renovados roles, a partir de una investigación de mercado realizada entre su membresía y otros sectores empresariales, que le demanda esfuerzos para conectar Arequipa con el mundo y el apoyo a las empresas para que eleven estas su nivel de competitividad.

Para concluir, quisiera reiterar mi firme convicción que se tiene los recursos básicos y las posibilidades necesarias para echar adelante un nuevo proyecto de desarrollo que nos ayude a construir un modelo exitoso de competitividad; que se cuenta con un capital humano capaz de desarrollar un proyecto común exitoso como lo demuestra experiencia histórica de la región, se requiere simplemente focalizar las voluntades en relación a ese proyecto y hacerlo caminar.

Se percibe preocupación por el futuro, pero a diferencia quizá de un año o dos atrás, se aprecia también interés por participar en su construcción. En esa medida hay esperanza, en esa medida la solución puede estar más cerca. Falta echar a andar la imaginación y las voluntades y unir a estas en un proyecto común. Es fundamental apuntalar el compromiso y luego echarse a andar, porque frente a la crisis solo corresponde salirle al frente.

Como diría Vallejo, hay hermanos mucho que hacer; pero complementando ahora su exclamación, habrá que decir: hay que hacerlo ahora que la realidad no espera.

Arequipa, Junio 2003

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